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Décimo-tercer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A
Eucaristía 2 de Julio de 2017

El Primer Libro de los Reyes desde el capítulo 17 nos narra a cerca de la vida y obra del gran profeta Elías, él antes de ser arrebatado al cielo por un carro de fuego, deja como su sucesor al profeta Eliseo, de quien tenemos noticia hoy en la primera lectura que meditamos. En el capítulo 2 del Segundo Libro de los Reyes encontramos cómo fue la despedida entre Elías y Eliseo, al ir allí y meditarla ahora en nuestro corazón, nos puede recordar todo lo que hemos vivido desde el momento aquél en el que nos hemos despedido de nuestros seres queridos aquél día que salimos de casa. Hay mucha similitud entre aquella despedida y la nuestra, el espíritu, la fuerza y el amor de quienes dejamos a la distancia, nos acompañan a cada paso que damos, así como Elías acompañó a Eliseo, aún después de ser arrebatado al cielo.

Eliseo encuentra quién lo reciba en su casa, es lo que hoy hemos meditado en la primera lectura, en donde parte del capítulo cuarto del Segundo Libro de los Reyes nos narra de qué manera fue recibido él. Cuando alguien que haya tenido que ir de un lado para otro y haya sido recibido así sea en una habitación sencilla y lea detenidamente esta primera lectura de hoy, podrá palpar y sentir lo que vivió Eliseo, porque han vivido lo mismo, porque saben lo grato que es encontrar al menos una cama, una mesa, una silla, una luz, cuando se está lejos.

Eliseo oró por aquella mujer que lo recibió en su casa y le prometió que el próximo año por esta misma fecha, abrazaría a un hijo de sus entrañas, un milagro de Dios porque su marido era anciano. Dios siempre recompensa, es lo que hemos escuchado hoy de Jesús. Oremos por los migrantes en el mundo entero y por quienes los reciben en su casa como recibir a Dios mismo.

Gloria……

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz. Amén..
Fray Atanasio Flórez O.P

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