Reflexión de la Semana

Tal vez nos es común el profeta Jonás, de quien tenemos noticia hoy en la Primera Lectura. Dios lo llamó para que fuera a Nínive y predicara allí la conversión, pero Jonás zarpó desde Jope a Tarsis, queriendo estar lo más lejos posible de Dios; por su desobediencia, su barco casi se hundía y quienes iban con él lo lanzaron al mar donde una ballena se lo tragó. Estando dentro del cetáceo por tres días y tres noches, recapacitó Jonás y clamó auxilio a Dios, quien ordenó al gran pez que lo vomitase en tierra firme. Esta historia la encontramos en los dos primeros capítulos del libro del profeta Jonás.

Lo que hoy meditamos en la primera lectura es lo que hace Dios por segunda vez con Jonás, lo llama nuevamente e invitándolo a ir a Nínive para que predicase allí la conversión; los ninivitas lo escucharon, siguieron los caminos del Señor y Él los perdonó ofreciéndoles una nueva oportunidad.

Sobretodo comenzando un nuevo año, inspira esta historia de Jonás, la mirada de Dios hacia Él y hacia los ninivitas, y se convierte para nosotros en nuestra propia historia de vida, de donde Dios nunca aleja su mirada porque está siempre allí junto a cada quien ofreciendo una nueva oportunidad a cada segundo.

Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz. Amén..
fr. Atanasio Florez Molina O.P.

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